lunes, 15 de junio de 2015

Cuando creía, y ahí estabas tú

Cuando era invisible ante los ojos de los demás, cuando levantarse por las mañanas era un acto mecánico y desganado, cuando no tenía motivos para mover las cortinas de mi ventana y dejar pasar el sol, cuando mi café era amargo y degustarlo no me producía ningún placer.
Cuando no podía concentrarme en lectura, ni prestar atención a alguna película,
cuando oía sin escuchar y hablaba sin dialogar,
cuando las noches se hacían horas eternas dando vueltas entre mis sabanas,
cuando mis ganas de reír se ahogaba en un mar de tristeza,
cuando creía que estaba sola y nadie podía ver a través de mi,
cuando las ideas de ser alguien más deambulando por el mundo con un destino incierto invadían mi cabeza, cuando las fuerzas me empezaron a abandonar y ya no confiaba en nadie más,
ahí apareciste tú, juntando pedacitos por pedacitos lo que quedaba de mi,
secaste mis lagrimas, tomaste mi mano, me hiciste dar media vuelta, me condujiste a un nuevo camino, me enseñaste que la lluvia no cae para siempre, que el sol siempre vuelve a asomar,
me ensañaste que hay recuerdos que no se olvidan pero puedas vivir con ellos sin que se conviertan en piedras en tu camino...
Cuando lo daba todo por perdido, cuando no podía ni pensar, ahí apareciste tú dándole magia a mi vida y una razón para no echarme atrás, para creer que siempre se puede volver a empezar, volver a creer, volver a amar.


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